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Praga

Primer día. 25/08/2015. 

Muy buenas, aquí comienzo a contaros como ha sido mi viaje por la República Checa. Totalmente recomendable, un país muy bonito y sencillo de conocer, y espero que con mi ayuda mucho más. La verdad que lo he disfrutado muchísimo, han sido 9 días en el que me ha dado tiempo a todo, incluso a no madrugar  y en el que si lo hubiera organizado mejor, habría podido hacer más cosas, pero no siempre uno lo puede llevar todo calculado al milímetro.
 
Los medios de transportes son antiguos, pero le dan ese ambiente bohemio que está tan de moda. También es barato, aunque a veces preferiría pagar un poco más y tener  aire acondicionado desde primera hora de la mañana en Agosto, ya os contaré.
Llegamos a Praga el martes 25 de agosto, y antes de aterrizar me acordé que no había echado el paraguas, algo se me tenía que olvidar, como me dice siempre mi madre. Nos vino bien, porque nos pillo una ola de calor de unos 35 grados durante al menos 4 días. Yo iba preparada con mis sudaderas, y al final solo las utilice un par de noches.  Por un lado se agradeció, ya que la lluvia es muy molesta para caminar, pero parecía que íbamos andando por Sevilla en pleno verano y alguna excursión la tuvimos que recortar.
Lo primero que hicimos nada más aterrizar fue buscar una oficina para recoger la tarjeta Prague Card que compré por internet. Nos costó 56 euros por persona para 3 días, la verdad que tengo que calcular si verdaderamente ha merecido la pena, porque como anduvimos tanto, cogimos pocos medios de transporte, y los precios de los museos y lugares de interés no me parecieron demasiado caros. La tarjeta funciona desde el momento que la activas y no tiene una duración de 72 horas, sino días hábiles. Si compráis la tarjeta, el transporte desde el aeropuerto hasta la ciudad está incluido y dependiendo en que lugar tengáis el hospedaje hay diferentes líneas de autobús.
Nosotros cogimos el bus AE (airport express) que nos dejó en la estación del centro Hlavní nádraží. Si pagáis el billete sencillo son 60 coronas  y los taxis por lo general son unos 35 o 40 euros a la ciudad. Como llegamos sobre las 3 de la tarde a la estación, entramos en un súper y nos compramos unos sándwiches, y después ya cogimos el metro directo hasta la estación I.P.Pavlova.
Llegamos a nuestro hotel, se llama Ambiente, es de 4 estrellas y la habitación no estaba mal, un hotel reformado, con aire acondicionado pero se les ha olvidado quitar la moqueta, bueno costumbres de allí. El baño pequeñito pero práctico. En booking había leído buenos comentarios sobre
calidad precio, calificaban muy positivamente el desayuno, pero para mi gusto dejaba mucho que desear, había variedad pero no algo desmesurado, no había cola cao, el zumo era de sobre, el café poco bebible, dulces con fruta, pocas cosas con chocolate, solo cruasanes dos días de los 9 que estuvimos. Vamos que nos tenían a plan.
Dejamos las cosas en el hotel, descansamos un poco y nos fuimos caminando hacia el centro. La plaza de Wenceslao está a unos 15 minutos. Al principio de la plaza se encuentra la figura ecuestre del santo patrono del país. Allí empezamos hacernos fotillos:

Continuamos recto caminando a lo largo de la plaza de casi 1 km, está lleno de tiendas, restaurantes, puestos ambulantes de comida y mucho hombre reclutando a más hombres para llevarlos a un famoso cabaret. Al final de la plaza giramos hacía la derecha por la calle Na Prikope y continuamos andando hasta que nos encontramos con la bella torre de la pólvora del siglo XIII, después fue renovada en el siglo XIX, ya que fue medio derruida por los prusianos,  por eso el actual estilo neogótico. Se puede subir a la torre por 90 coronas. Nosotros la teníamos incluida con la Prague Card.


Luego seguimos por los alrededores, este barrio se conoce con el nombre de Stare Mesto, y callejeando aparecimos por un lateral en la plaza de la ciudad vieja donde recuerdo nos comimos unos crepes en un puesto callejero por unas 40 coronas, deliciosos. En la plaza se encuentran una multitud de edificios que merece la pena conocer. Aquí se encuentra el ayuntamiento de la ciudad vieja, la casa gótica de la campana de piedra que se ha conservado así desde el Medievo, la iglesia de nuestra señora de Tyn, la iglesia de San Nicolás, la torre del reloj, a la cual puedes subir a la parte más alta en ascensor.






La verdad que todo es muy bonito, los edificios y la arquitectura son espectaculares, ahora eso sí, está todo lleno de gente por todos lados. Praga es la sexta ciudad en Europa más visitada, y lo que me llamó mucho la atención es la cantidad de japoneses que allí había. Subir a la torre del reloj vale 60 coronas.

Continuando por la zona, llegamos a la calle Na Perstyne 5, entramos en un restaurante donde elaboran su propia cerveza, estos sitios se llaman Pivovar, y están muy bien de precio, tienen la típica comida checa y están llenos de gente de allí, pocos turistas. El bar se llama Pivovar U Medvidku, muy recomendable. En todos los sitios te suelen poner la cerveza en jarras de 1/3 o 1/2 de litro. Tienen mucha variedad, la sirven menos fría y no tiene tantos grados como las de aquí. Yo la verdad que no soy muy cervecera pero las que más me gustaban eran las negras. También te puedes pedir sidra que estaba bastante buena.

Seguimos la ruta del día hacía el famoso puente de Carlos, que atraviesa el rio Moldava, construido a finales de siglo XV por el rey Carlos IV. Conecta la ciudad vieja con la pequeña, está lleno de músicos callejeros, de infinidad de turistas echándose fotos, de arañas gigantes que cuelgan de las numerosas estatuas ( no es broma, cuidado con apoyaros). Es considerado una de las más impresionantes construcciones góticas en el mundo.






Una vez allí pensamos en cenar, para ser el primer día habíamos recorrido y visto muchos sitios. Cruzamos el puente hacía Mala Strana, cuando llegamos a la otra orilla, torcimos hacía la izquierda y buscando algún restaurante recomendado en la guía de viaje Michelín que llevábamos, nos encontramos con estas curiosas esculturas que estaban fuera del museo Kampa:



Por fin llegamos a un restaurante, entramos en uno que nos dió buena impresión desde la calle, y nos atrevimos con la típica comida Checa. Pedimos pato asado que lo suelen servir con una especie de pan bimbo redondo, y otro que está hecho de patata, mucha col y remolacha. También pedí queso asado, es una especie de san Jacobo pero solo de queso, muy pesado para mi gusto, pero como íbamos con hambre nos lo comimos todo. Lo que siempre hacemos es compartir los platos, así lo probamos todo.


La cena fue barata, y desde allí cogimos por primera vez el tranvía que nos dejo en la parada de metro I.P.Pavlova, al lado de nuestro hotel. Ya era hora de descansar desde las 6.15 de la mañana que llevábamos despiertos.